Hace unos días os hablaba de una serie de ejercicios recomendados por los expertos para evitar el síndrome de la clase turista o, lo que es lo mismo, que nuestro cuerpo se resienta como consecuencia de permanecer mucho tiempo inmóvil en el asiento de un avión. Sin embargo, Hugo me ha recordado un mal también muy común y derivado de los viajes transoceánicos: el jet lag (o la alteración del reloj biológico que establece los horarios de sueño y de vigilia). Para evitarlo, ahí van una serie de recomendaciones:

Antes del viaje:

  • Dormir bien. Es conveniente ajustar progresivamente los horarios de sueño al destino para facilitar la adaptación. Por ejemplo, si vais a viajar del este hacia el oeste, intentad madrugar lo máximo posible durante las dos noches antes de vuestra salida.
  • Aunque para algunos es imposible, es conveniente reducir el estrés los días previos a viajar. Tratad de preparar las cosas con tiempo y relajaos.
  • Para el viaje, poneros ropa cómoda. Os ayudará a dormir mejor.
  • Comed algo antes de subir al avión.
  • Antes de embarcar cambiad el reloj con el horario del lugar de destino.
  • Llegad temprano al aeropuerto. Si no tenéis que correr hasta el avión, reduciréis vuestro  estrés y podréis descansar mejor.

Durante el viaje:

  • En el avión, intentad acomodar las comidas y los ratos de sueño a los horarios del destino. Eso sí, dormid lo máximo posible (podéis ayudaros con los tapones para los oídos, almohadas o antifaces que ofrecen algunas compañías aéreas).
  • Levantaos y estiraos con frecuencia. Es conveniente también pasear de vez en cuando por el avión, si es posible.
  • Aunque no os lo creáis lo de los famosos y las gafas de sol es una buena técnica. Usadlas durante el viaje para engañar a nuestro reloj interno.
  • Bebed mucha agua. Ni refrescos, ni alcohol ni cafeína, sólo agua.
  • Comed muchas veces y poca cantidad. Si podéis, tomad fruta fresca o verdura en vez de la comida que sirven en el avión.

Después del viaje:

  • Tratad de comer y dormir según los nuevos horarios. Esto facilita que se adapte el reloj biológico del que os hablaba al principio. Pero si habéis llegado a vuestro destino y estáis muy cansados podéis dormir una siesta: según experimentos de la NASA lo ideal son menos de 45 minutos o un poco más de dos horas para no romper los ciclos del sueño.
  • Según los expertos es bueno exponerse a la luz solar todo lo que sea posible. De esta forma ayudamos también a cambiar nuestro reloj biológico.
  • Hacer ejercicio es un importante paliativo para el jet lag, así que a enfundarse un chándal se ha dicho.

Con los Marsans y Los Viajes de Berta el jet lag es historia.