Hugo, tú que viajas tanto a Londres sabrás que allí no sólo se come fish and chips. De hecho, la mayoría de los ingleses de pura cepa e incluso los adoptados casi nunca tienen este plato en su dieta habitual. Es como si aquí en España estuviéramos comiendo continuamente Pan Tumaca o calamares (por cierto, los calamares salen buenísimos si al rebozarlos añades una pizca de…) ¡que me lío con otras cosas! (otro día os daré algunas de mis recetas que tanto os gustan).
El caso es que Londres puede presumir de muchas cosas. Y ahora la gastronomía también es uno sus puntos fuertes, sobre todo desde que el joven cocinero inglés Jamie Oliver ha comenzado a ganar popularidad y aceptación entre los ingleses. Así que en vuestro próximo viaje a la capital británica ya no hace falta que os metáis a comer en el primer sitio que veáis o en los típicos restaurantes de fast food (¡y que dios me libre del consejo!), ahora también hay multitud de franquicias buenas, bonitas y baratas. Para muestra, os daré dos curiosos ejemplos.
El primero es Masala Zone en Convent Garden. ¿Has comido alguna vez con cientos de marionetas colgando sobre tu cabeza? Este es uno de los atractivos de este restaurante de comida india. En un ambiente muy agradable y con un servicio de lo más atento, podréis disfrutar de una gran oferta de platos (con raciones bastante agradecidas) a muy buen precio. Eso sí, recordad que la esencia de la comida india suelen ser los platos vegetarianos, picantes y con multitud de especias. Sin duda, un placer para los sentidos.
La última recomendación es Yo! Sushi. He podido disfrutar de este restaurante en el Soho londinense, pero hay muchos otros repartidos por todo Londres (¡incluso en el aeropuerto de Heathrow!). El funcionamiento de todos ellos es el mismo: una cinta transportadora en una especie de barra de bar alrededor de la que se sientan los comensales; dentro están los cocineros que van sacando platos y cocinándolos a tu gusto, cada uno con un color de recipiente; eliges el que te apetezca (tantos como quieras) y pagas en función de los platos que tengas y sus colores. La relación calidad-precio es buena, pero sin duda es una experiencia única que no te defraudará.
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