Cuando en la productora en la que trabajaba me pedían buscar una playa paradisiaca, yo pensaba en Jamaica y siempre acertaba. Así que para aquellos rezagados en reservar sus vacaciones con Marsans (que creo que no sólo Waldo tiene un dilema), os daré información para que os animéis a viajar a uno de mis destinos favoritos.

playa jamaica

Lo primero que notas nada más aterrizar en el aeropuerto de Kingston es calor. Aunque la temperatura media sea de unos 25 grados, hay mucha humedad, así que la sensación térmica es mayor. Para ir a la ciudad, puedes coger un autobús o un taxi, pero si elegís ésta última opción no dudéis en regatear, allí todo el mundo lo hace. De camino al hotel que te ha preparado Marsans ya empiezas a hacerte una idea de todo lo que te espera: una inmensidad de paisaje verde, montañas y pequeñas casitas de madera o grandes mansiones (según sean de jamaicanos autóctonos o de ingleses).

En Jamaica siempre hay algo que hacer y un paisaje del que disfrutar… pero también puedes aprovechar simplemente para relajarte. Para ver (y descansar), las playas son la visita obligada. La de Negril es más corta y estrecha que la de Ocho Ríos, pero en ambas, el agua es transparente y no hay olas, ya que el arrecife de coral que rodea la isla impide que éstas lleguen a la playa. Además, si queréis disfrutar del paisaje montañoso en primera persona, no podéis dejar de hacer una excursión a Blue Mountains: ríos, cascadas, lagos de agua transparente, pájaros de colores y mucha vegetación.

Así que ya sabéis: playas de arena blanca y agua siempre azul y clara, el sol caliente del Caribe, montañas y cascadas de película… un lugar que huele a tradición, a música y a cultura. Eso es Jamaica, uno de los lugares más maravillosos que he conocido. ¿Tú aún no conoces el paraíso? ¿A qué esperas?